Las clases de aeróbic son unisex: mi experiencia

Así es, parece que los hombres huyesemos despavoridos cada vez que oímos la palabra aeróbic, y nada más lejos de la realidad. Esta práctica física se ha convertido en una las más demandas por más de la mitad de las mujeres que acuden a un gimnasio por primera vez. Pero ahora viene lo mejor, el número de hombres que prueban las clases ha crecido en los últimos años y la mayoría suele volver con asiduidad.
Yo mismo me sorprendí la primera vez que asistí a una. Allí estaba yo, rodeado de mujeres con mallas apretadas preparadas para no parar de sudar durante los 45 minutos que duraría la clase. He de reconocer que a los diez minutos de comenzar estuve a punto de arrojar la toalla, nunca mejor dicho. El miedo escénico me podía.
El ritmo de la música empezaba a mermar la coordinación de mis movimientos, aquellos pasos de baile parecían diseñados sólo para el sexo femenino, y que cada vez parecía más complicado, y lo peor no era sólo eso, si no verse reflejado en ese macro espejo de dos metros de alto por diez de ancho y ver lo patoso que podía llegar a ser un hombre. En ese momento entendí porqué ver a Fernando Romay en Mira Quién Baila era todo un “espectáculo”.
